domingo, 21 de marzo de 2010

Acercarse a conocer un juego y descubrir una metáfora de la vida misma, que se va formando cada vez que la observamos.
Y encontrarse con gente que va descubriendo tantas cosas distintas por el mismo medio, cada uno a su ritmo, cada uno en sus tiempos. Mirarse a la cara y saber que nos entendemos sin necesitar entendernos. Tener una lengua en común, descubrirla a través del juego. Relacionarse a través del respeto.
Creernos como grupo capaces de algo más, sabernos como humanos capaces de lo que aún no imaginamos. Intentar alcanzarlo, usando como medio la autosuperación, para lograr una verdadera evolución.
Y vivir esa metáfora cada vez que nos sentamos frente a un tablero, sabiéndonos una parte vital de ella. Pensar que existe en miles de formas, ninguna igual a otra, que se desarrolla cada vez que uno se acerca y que la acepta. Metáfora viva, no escrita ni hablada, rara vez examinada. Transmitida sin ser mencionada, a través de generaciones, a través de los tiempos. Y que entre otras cosas nos representa las limitaciones de las que sufre y goza tanto el individuo como el conjunto entero de nuestra especie.
Al descubrirla nos asombramos, al vivirla la aprovechamos. Su razón de ser desaparece si no la valoramos. Pero siempre estará esperándonos, con un plano casi en blanco, sobre el que crearemos, sobre esas guías que nos presenta; con los mismos medios, cada uno creando, elaborando, aprendiendo mientras disfruta y vive su propia historia.

lunes, 1 de marzo de 2010

Anoche te soñé. Y me da tanta ternura pensarte, recordarte... Fuiste una luz en el tramo más oscuro del camino... Una luz que un día decidió alejarse. Pero siguió prendida y a una distancia prudente mientras otras se apagaban o se iban. Siempre suficientemente cerca para iluminarme el pedacito siguiente del camino. Te lo agradezco mucho... Y espero no molestarte.
Creo que sabés cuánto te quiero, pero nunca está de más volver a decir lo que uno siente. Y ojalá algún día pueda compartirte mi luz cuando la necesites...