Todos los que te conocimos coincidimos en que siempre fuiste un ángel, así que supongo que para vos el cambio no debe haber sido tan brusco.
Sos de esas existencias que siempre dan esperanzas. Cuando uno descree de esta humanidad, y tiene ganas de volver a creer, basta con encontrar una sonrisa como la que siempre regalaste. Pero de esas hay pocas; considérese afortunado el que se haya cruzado en esta vida con alguna. Sabrá de qué hablo sólo el que la haya visto: la sonrisa más limpia y pura, que sale del alma para darse al mundo sin mancharse con ninguna complicada emoción humana en el camino.
Y yo tengo que pedirte perdón, angelito, porque no te hice saber cuánto te quise. Hoy lamento no haberte dicho todo esto, y creo que lo escribo en un intento de limpiar este sentimiento de culpa. Un intento de que dejen de doler mis fallas.
Como todos ya te extraño. No sé si desde allá arriba podrás ver todo lo que sentimos tus amigos, tu familia, todos los que dejaste acá, destrozados o simplemente perplejos, sin entender qué pasó, sin saber cómo dar el próximo paso... Pero sé que es tu propia fuerza la que va a ayudar a todos a seguir viviendo, algún día nuevamente en paz y en tu recuerdo. Porque te fuiste en paz, primita, no quedan dudas de eso. Toda tu alegría, tu amistad, tus mejores sentimientos los regalaste como quien ama regalar, y fuiste feliz con eso. Y en una vida tan corta diste tanto, e hiciste tanto bien... sería difícil de explicar, pero explicarlo no es necesario.
Te llevás todo el amor que sembraste en cada uno de nosotros. Y acá nos queda el dolor de ya no verte; pero lo importante es que ahora estés bien, que aprendas a volar con tus nuevas alas, y que en tus vuelos, sigas disfrutando de ese amor que merecidamente cosechaste.
viernes, 15 de enero de 2010
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