miércoles, 11 de febrero de 2009

tristeza... y un pedido

Hace un par de días me llegó un mail acusando al pueblo de Israel de estar haciendo padecer a los palestinos lo mismo que ellos sufrieron hace algunos años con el nazismo. Las fotos que mandaron son terribles. Ayer recibí otro mensaje sobre la guerra en Irak, con fotos parecidas. Y no son los primeros ni los últimos que voy a recibir.

No los reenvié: estoy en contra de la guerra. Estoy en contra del odio. Estoy en contra de que nos acusemos unos a otros del mal que hay en nuestro mundo.

Hace alrededor de un mes empecé a leer un libro que me prestó mi hermana: Una Odisea Espacial 2001, de Arthur C. Clarke. La idea era que me iniciara en la lectura de ciencia ficción. Libro bueno, libro raro, pero bueno, y lo recomiendo. Pero hubo algo al principio del libro que me dio mucha tristeza. Antes de hablar del futuro, describe la vida de nuestros antepasados y el principio de la evolución de los monos-humanoides en los seres humanos que somos hoy en día. El primer paso que describe es cómo se dan cuenta de que pueden matar a otros animales para comerlos y para defenderse. Pero antes de matar para comer, matan porque se dan cuenta de que pueden hacerlo, matan con crueldad. Después se dan cuenta de que tienen un beneficio en ello, y de que no tienen que pasar días enteros buscando algo de alimento en las ramas de árboles y plantas y aprovechan el nuevo tiempo libre que tienen. Así se describe el comienzo de la humanidad.

Transcribo un pedacito del libro:

“Era una piedra pesada y puntiaguda, de varios centímetros de longitud, y aunque no encajaba perfectamente en su mano, serviría. Al blandirla, aturrullado por el repentino aumento de peso, sintió una agradable sensación de poder y autoridad. Y seguidamente comenzó a moverse en dirección al cerdo más próximo.

“Era un animal joven y estólido, hasta para la norma de inteligencia de aquella especie. Aunque lo observó con el rabillo del ojo, no lo tomó en serio hasta demasiado tarde. ¿Por qué habrían de sospechar aquellas inofensivas criaturas cualquier maligno intento? Siguió hozando la hierba hasta que el martillo de piedra de Moon-Watcher le privó de su vaga conciencia. El resto de la manada continuó pastando sin alarmarse, pues el asesinato había sido rápido y silencioso.

“Todos los demás monos-humanoides del grupo se habían detenido para contemplar la acción, y se agrupaban ahora con admirativo asombro en torno a Moon-Watcher y su víctima. Uno de ellos recogió el arma manchada de sangre, y comenzó a aporrear con ella al cerdo muerto. Otros se le unieron en la tarea con toda clase de palos y piedras que pudieron recoger, hasta que su blanco quedó hecho una pulpa sanguinolenta.

“Luego sintieron hastío; unos se marcharon, mientras que otros permanecieron vacilantes en torno al irreconocible cadáver… pendiente de su decisión el futuro de un mundo. Pasó un tiempo sorprendentemente largo antes de que una de las hembras con crías comenzase a lamer la sangrienta piedra que sostenía en las manos.”

Parte de una historia de ficción, es cierto. Pero no es difícil imaginarse que algo así haya pasado al principio de nuestra evolución. Y es triste pensar que hoy en día pasan las mismas cosas entre humanos supuestamente evolucionados, supuestamente civilizados. Siempre dije que creo que no avanzamos nada. Aprendemos a matarnos y nunca a convivir unos a con otros. Hacemos daño y después nos preguntamos por qué lo hicimos. Todos tenemos algún sentimiento negativo hacia alguna persona o cosa que nos rodea. No creo que haya alguien totalmente inocente, no sería humano, ese sí sería un ser que realmente habría evolucionado como todos nosotros creemos haberlo hecho.

Así que hoy les pido que en vez de saludarme con un “Feliz Cumpleaños”, que son dos palabras que pueden significar mucho, poco o nada, según quién las pronuncie o las escriba, me hagan un favor:

Reflexionen un poquito sobre esto, no se fanaticen en condenar a alguna o algunas personas por malvadas, y piensen en qué podemos hacer para mejorar un poco nuestras grandes fallas. No hablo de desaprobar una materia, perder un negocio, ser torpes en una manualidad, sino de ver a alguien sufriendo y no sentir la necesidad de ayudarlo, o ver a alguien odiando y no sentir la necesidad de ayudarlo, y no hacer nada, y condenar al que “obra mal” y poner excusas para nuestras malas obras antes de la intención de no repetirlas. Todos fallamos, y no es que seamos malos, es que somos humanos. Y a veces me da mucha tristeza pensarlo. Si no tuviera alguna mínima esperanza de que mejoremos, no estaría escribiendo, espero que no se ofendan. Hay cosas buenas en todos, y también está nuestra humanidad en todos…

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